It Might Get Loud


Los créditos de apertura del documental It Might Get Loud muestran nombres, pero se perciben tangibles, casi como imágenes de extreme tight shot de película porno sobre las curvas de flameantes guitarras eléctricas.

Inmediatamente sabemos que It Might Get Loud no es como cualquier rockumental, porque no pretende darte los pormenores técnicos de la guitarra, eso lo deja para otros documentos visuales, sin embargo logra sumergirse en los aspectos que hacen al instrumento y su sonido imprescindibles en la música.

Es un afectuoso tributo a uno de los objetos más distintivos del rock, pero desde una perspectiva reveladora y musicalmente satisfactoria, porque rasgueada con los dedos de The Edge, Jimmy Page y Jack White, sucede algo más que una simple resonancia. Esa es la premisa de It Might Get Loud.

El filme de Davis Guggenheim se divide en dos partes – las historias personales son informativas, interesantes y muy ilustrativas, pero el punto central es el encuentro de los tres guitarristas en un galerón en Los Angeles, donde las expectativas, la pasión y la personalidad no se ven reflejadas en muchas palabras, sino en sonidos. Mientras los tres hombres se preparan para encontrarse y realizar una sesión en un escenario vacío, cada uno cuenta su propia historia musical y nos sirven como guías en las giras y en las locaciones más influyentes de sus vidas.

It Might Get Loud crece con esas experiencias íntimas, con la muestra del genio creativo emergiendo de un simple instrumento. Mientras cada guitarrista describe su propia rebelión musical, vemos como se transforma el rock y su sonido. Como muestra de tres generaciones, los tres guitarristas tienen diferentes posturas, sobre todo se contraponen la filosofía de “arquitectura del sonido” de The Edge con la “ética de mantener en bruto el sonido” de Jack White, pero nunca los vemos discutir de frente el asunto, más bien el filme nos muestra el punto medio entre ambos: Jimmy Page.

Y en medio de las reminiscencias, pasamos muchos tiempo en sus espacios privados, incluso escuchamos los discos que inspiraron a Page, rozamos su colección de guitarras (incluso pateamos una con Jack White) y hasta practicamos yoga con The Edge. Esas inmersiones en lo privado son lo mejor de It Might Get Loud, que no afectan como tocas una guitarra, pero si cambian completamente como la escuchas.

Momento divertido que ni al caso: The Edge practicando yoga con Blackberry en mano, le preguntan en que ayuda el artefacto a sus ejercicios y contesta que en nada, pero que encontró la forma de comunicarse y aprovechar el tiempo muerto.



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Level 11 por Karina Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
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