Cocksucker Blues


Vemos unos títulos improvisados, algunos movimientos detrás del escenario, en un momento dado la cámara se detiene, vemos la parte inferior del cuerpo de Mick Jagger mientras frota su entrepierna a través de sus pantalones vaqueros. Es un momento emblemático - Jagger sorprende a la cámara y la tienta con burla, se sospecha, tanto para aliviar su propio aburrimiento como cualquier otra cosa, derivando en un momento de placer de su capacidad para conmocionar si quiere.

Ese es el primer indicador del resto del contenido de Cocksucker Blues, el documental que debido a una bizarra orden de la corte se ha convertido en uno de los filmes sobre música más subterráneos de todos los tiempos. Por supuesto, no se suponía que el documental fuera sustituido por una presentación genérica llamada Ladies and Gentlemen, The Rolling Stones, y que se convirtiera en un mito.

El trabajo comisionado a Robert Frank era capturar la gran anticipación que había en Estados Unidos por el regreso de Rolling Stones, que no había visitado el país desde el desastroso festival de Altamont en 1969, seguir la gira promocional de Exile On Main St y sumergir al público en la encarnación del libertinaje y el hedonismo que representaba el álbum.

Cocksucker Blues toma un camino diferente al no celebrar precisamente la música, sino el primer plano, medio y el fondo de esta gira, presentando una de las mejores películas que nunca se han visto por un simple hecho: una de las reglas para hacer el filme era que ni los Stones ni sus acompañantes ni equipo podían decir no, porque en cuanto apareciera la primera negativa Robert Frank bajaría la cámara y abandonaría el proyecto.

Esa regla fue la que permitió que Frank filmara una serie de habitaciones, salas de espera y vestidores, mostrando el vacío – incluso la soledad – en el corazón de la maquinaria detrás de los Stones. Con ese estilo de cinéma vérité, la audiencia puede presenciar los juegos de pocker detrás del escenario, el consumo de drogas (Mick Jagger se ve inhalando cocaína en los camerinos), las travesuras de los roadies, y la gloriosa figura de los Stones con sus defensas bajas con el simple contacto humano denegado por su propia fama.

Como la banda y el mismo tour, el filme pasa de incidente en incidente, transcurre sin ninguna coherencia narrativa o un punto de vista en específico, pero a pesar de eso, el recurso de voyeurista que te permite ver un mito de rock and roll con cierta profundidad, es innegable. Después de todo, pocas bandas - y ciertamente ninguno de la talla de los Stones han sido capturadas con tanta crudeza y honestidad.

Aunque la comisión del director fue reflejar la gira de Exile On Main St, Frank no destaca especialmente las actuaciones y los conciertos, suple ese espacio con su fascinación por el mundo entre bastidores, y permite que los sonidos mundanos de la gira establezcan el tema de la película y su estilo: de conversaciones en bruto y sin consecuencias. Y para una película de 90 minutos, sólo 15 de ellos son escenas de conciertos. Vemos al grupo interpretando la canción con la que iniciaron cada noche durante el tour, Brown Sugar, así como Midnight Rambler, Uptight, Satisfaction (con Stevie Wonder), Happy y Street Fighting Man.

Con todo el misterio y controversia alrededor de Cocksucker Blues, podríamos pensar que éste filme sin estructura mostraría más, sin embargo se mantiene como la película que los Rolling Stones no quisieron que sus fanáticos vieran y no precisamente por las incriminantes imágenes, lo preocupante fue el retrato sombrío y preciso de la desesperación y la soledad evidente de la vida en la carretera, porque la obsesión con la verdad de Frank destruye la ilusión de glamour del más famoso grupo del mundo.



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