Havanyork: Un diálogo entre dos mundos


Las secuencias se repiten y adelantan, van y vienen, marcan el ritmo, desde el principio nos revelan un filme hecho con las formas propias del género musical capturado. Lo que observamos en un principio son sus vistas del malecón de La Habana y de ahí saltamos a los pasillos del metro neoyorquino, todo parece un scratching visual que ilustra la experiencia musical que se cimienta en la dicotomía Cuba-Estados Unidos, aunque sin asumir bandera y con el hip hop como enlace.

Havanyork inmediatamente cuestiona cuáles son los puntos de comunión entre la cultura del hip-hop creada en Nueva York y los actos emergentes en La Habana, no omite el paso por el sound system jamaiquino, el funk y el soul, el toaster y el selecter convertidos en MC y DJ, y la ciudad donde los tambores parlantes permiten ver a los grandes de la música cubana, como Yoruba Andabo, mezclando la rumba con el rap para generar el sonido, el verbo y la energía para enmarcar la crisis económica de Cuba en 1995.

En escenas delirantes que muestran el ingenio en medio de esa carestía, vemos la inventiva de los cubanos transformando instrumentos musicales, obteniendo ritmo y flujo sincronizado de todo lo que tocan. Las carencias en la isla imponen nuevas modalidades para emular sonidos, reemplazando el tambor con el sampler americano, y a falta de tornamesas y amplificadores se hace scratching donde y como se puede, incluso viejas máquinas de escribir logran una orgía de ritmos con teclas, palanca, rodillo y armazón.

Al tiempo que descubrimos las adaptaciones de sonidos en La Habana, el director Luciano Larobina nos lleva cerca de la celebración de 30 años del nacimiento del hip-hop en Nueva York, se suman a las múltiples entrevistas The Last Poets (músicos, poetas, herederos directos de los Black Panthers), gran parte de la vieja escuela Zulu Nation, The Fantastic Aleems (la banda seminal de Jimi Hendrix antes de que alcanzara el éxito) y Danny Hoch (actor, dramaturgo y activista político), así entendemos que la relación entre ambas ciudades no es tan lejana, la ideología propia del género es la misma.

Desde los barrios de La Habana a los de Nueva York, la cámara retrata y participa en las reflexiones de los músicos de ambas ciudades sobre sus raíces y al alma del hip-hop. Todos los entrevistados hablan sobre el discurso rebelde y contestatario, la contracultura y las realidades paralelas que se presentan en todos los sistemas de gobierno, pero sobre todo se trata de de una raíz más antigua; África y la raza negra que ha encontrado en la música una trinchera para mantenerse en resistencia y evolucionando.

Pero por encima de todos los discursos, adaptaciones y relaciones musicales entre Cuba y Estados Unidos, Havanyork es sobre el ritmo, de sus raíces en el tambor africano y a su vez en el sentir de las antiguas culturas que veían en el canto y el baile la regeneración de la vida. El tambor es el alma del documental, es un emblema de la africanidad que sonoramente conquistó el Caribe y América, el ritmo es el que nos mueve por los senderos de la música negra en la colonia, el nacimiento del hip-hop en Norteamérica, la lucha por los derechos civiles de los negros, la decadencia del rap con la coronación del gangsta rap como el género más vendido y su emergencia combativa en La Habana.



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Level 11 por Karina Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
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