High On Hope


La frase de “luchar por tu derecho a enfiestarte” es perfecta para High On Hope, eso es precisamente lo que hicieron en grande los protagonistas del documental. Esa sola idea bastó para que cuatro jóvenes se levantaran y lograran que hasta 10,000 personas bailaran en la sordidez de diversas bodegas abandonadas y lejos del radar de la policía de Blackburn. Como todo levantamiento, su duración fue breve – tan sólo 18 meses de 1989 a 1991, pero dejó una marca por la forma en que bailar se convirtió en una inspiración, una afrenta política y un reclamo sobre una situación social.

Este es el documental definitivo sobre la revolución rave, como lo revelan sus héroes anónimos, es el punto de inflexión donde el acid house dejó de ser fenómeno underground local y se convirtió en una explosión cultural en todo el mundo.

¿Fue una revolución o sólo fue una serie de fiestas? Los organizadores Tommy y Tony tienen diferentes perspectivas, pero ésta idea de la planeación y los riesgos que implicaban, además de entender que las ganancias monetarias eran pocas comparadas con la reacción de los periódicos y la policía, hacen que High On Hope no sólo sea sobre el acid house, también es sobre el espíritu de rebeldía e idealismo que acompañan la música, es un honesto testamento de una época, una ciudad y 50 jóvenes que en conjunto lograron abrazar fuertemente el espíritu y la ética del acid house.

Fue una revolución, no hay duda, fue una oleada hecha no tanto por los creadores del acid house, sino por aquellos que lo hicieron crecer como un movimiento underground y lo convirtieron en fenómeno juvenil, épico y contagioso. High on Hope documenta parte del principio en el norte de Inglaterra, cuando al principio de los 90 los raves en bodegas atrajeron a cientos de personas. 20 años después, la gente que organizó esas fiestas mira hacia atrás y observan su legado, recuerdan a Blackburn como uno de los lugares que más olas hizo y que siempre será recordado como un bastión del espíritu del acid house.

Tommy y Tony iniciaron el movimiento con pequeñas fiestas, tan sólo 50 amigos en una bodega. Pero pronto cientos de personas se sintieron parte de esos edificios industriales abandonados que servían para escapar de las reglas de etiqueta, la música detestable, la violencia en las calles cada semana, los años de la Primer Ministro Margaret Thatcher, una generación perdida en la codicia y la recesión y la imposibilidad de ser libre más allá de las dos de la mañana. Durante 18 increíbles meses, las fiestas en Blackburn fueron el escape para olvidar la cotidianidad, porque llegado el fin de semana, lo único que importaba era conocer la ubicación del rave, seguir el convoy hacia la fiesta y las formas creativas para escapar de la policía al final del baile.

En la película no sólo nos encontramos con los principales organizadores, que explican como localizaban los lugares adecuados y como fueron creciendo los raves, también escuchamos los testimonios de todas las personas involucradas y que a final de cuentas eran las que lograban que la fiesta ocurriera, desde el locutor que enmascaraban mensajes a través de su programa Blackburn Buzz Corporation para que los ravers localizaran el lugar con un corto aviso, los DJs que enmarcaron con su sonido esos meses y los encargados de la logística, que verdaderamente eran genios que conseguían todo lo necesario para realizar la fiesta, robaban cables de luz, transportaban y construían equipo de sonido con un presupuesto casi inexistente.

Con ellos recorremos esos 18 meses, visitamos la mayoría de las bodegas y nos vamos impregnando del espíritu del ilícito baile hasta el amanecer. High On Hope nos va llenando con todo lo que estos jóvenes eran capaces de hacer para concretar la fiesta, teniendo como única motivación hacer esa fiesta que les permitiera eludir sus vidas y cualquier cerco policíaco.

Como nunca ante se había visto en Blackburn, las fiestas eran masivas y su trayectoria reflejaba lo que sucedía nacionalmente. Mientras el acid house salía de la escena underground, sus seguidores se revelaban contra el status quo de forma inclusiva, nadie era rechazado, cualquiera con el espíritu de quemar la pista toda una noche podía asistir, motivación que el director Piers Sanderson vivió de cerca y logró capturar a través de entrevistas, imágenes de archivo, animaciones y fragmentos nunca antes vistos de esas fiestas.

Lo que coloca a Blackburn aparte de todas las fiestas que ocurrían casi de la misma forma en el Reino Unido, es que esos jóvenes no lo hacían por dinero. Todos los problemas para concretar el rave en términos capitalistas tenía un costo de £3 libras por persona, que apenas cubrían los costos para realizar la fiesta, pero su ingenio era parte integral para lograr que toda la gente llegara hasta el lugar. Algunos de ellos pagaron la rebeldía con su libertad, acusaciones de violencia y venta de drogas, acoso policíaco e imposiciones de toques de queda, pero ninguno de ellos parece arrepentido de haberse levantado durante esos meses, principalmente porque todos comprendían perfectamente esa frase que Tommy dijo en un programa de televisión: “no necesito drogas o alcohol, estoy drogado con esperanza”.



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Level 11 por Karina Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.sonicarsenal.blogspot.com.

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