The Decline of Western Civilization Part III

Con The Decline of Western Civilization, Penelope Spheeris capturó el sentimiento de un club conducido a una revuelta de la mejor manera, transmitiendo la idea de que la música puede estar viva, ser combativa y mostrarse hasta amenazantemente peligrosa. Pero la verdadera aportación de la directora a los archivos sobre la música, fueron sus retratos vivos de los jóvenes que huían de la alienación hacia el punk.

Las dos primeras películas eran esencialmente comedias perseguidas por una resaca generalizada de energía o tristeza del ambiente de la música en Los Ángeles. Los punks que Spheeris documentó de 1979 a 1981 eran un grupo vibrante de músicos, periodistas y fanáticos que estaban trazando con fuerza su turno dentro de la música, en la tercera parte vuelve a ellos, pero no es sobre su legado, es acerca de los punks de los 90, que se han alejado de la sombra de Black Flag y X para concebir ideas completamente diferentes.



La película se desliza hacia atrás en las convenciones de estilo de The Decline of Western Civilization, desde la lectura del aviso en el escenario y el foco que cuelga en las entrevistas. Spheeris se toma su tiempo para hablar con las bandas, principalmente Naked Aggression y The Resistance, para discutir sus creencias y su punto de vista respecto al fenómeno del punk. Y, cómo logra demostrar, la furia aún está presente, pero el sentido de ser capaces de hacer una diferencia de alguna manera se ha perdido.

Aunque la mayor parte del documental se enfoca en los fanáticos, el punto para entender el documental lo ponen Keith Morris de Circle Jerks y Flea de Red Hot Chili Peppers, ambos sostienen que la vida de los punks y los adolescentes en general, se ha vuelto más difícil. Flea apunta que los punks sin hogar de los años 80 estaban protegidos por “un paraguas de arte y punk rock” que ya no existe.

Probablemente ese fue el instante en que la directora percibió que las secuencias musicales dentro de ese contexto parecían superfluas. Una vez encontrado el verdadero sujeto de interés, The Decline of Western Civilization cambia completamente, se convierte en una ventana hacia un segmento de la sociedad que la mayoría de nosotros no comprendemos.

Cómo lo indican las primeras escenas del filme, la mayoría de las personas que aparecen ni siquiera habían nacido cuando apareció la primera parte de The Decline of Western Civilization, son seguidores de la primera ola, pero no se muestran como la excitada comunidad capturada dos décadas antes. Los jóvenes con los que habla Spheeris son ásperos punks sin hogar, no tienen un fanzine que producir, no tienen razonamientos bien fundamentados sobre el valor musical o social del punk. Son jóvenes que van y vienen en las calles, viven en squats, ingieren alcohol desde que amanece hasta que cierran la última tienda en Los Ángeles y sólo esperan morir.

Esa es la premisa detrás de la tercera parte de The Decline of Western Civilization. El documental cambia el enfoque de la música a los fanáticos, dando sentido a sus días, la lucha en la vida en la calle y, en concreto, porqué el punk sigue siendo la música que responde a su forma de vida. Por esa razón en la segunda mitad, Spheeris se inclina en favor del cinema verité para internarse en la vida de los "gutterpunks", los punks hardcore de Los Ángeles que se muestran como verdaderos nihilistas, con una historia tanto deprimente como frustrante.

La película no muestra prejuicios y utiliza un método directo para explorar, ni aprueba ni condena la experiencia de ser un punk. Hay muerte, patetismo y tristeza dentro de las historias que se desarrollan en este documental, pero no es propaganda, es la realidad vista con ternura y sin prejuicios hacia esos jóvenes, que a menudo no entienden verdaderamente la cultura que se inició antes de que nacieran.

La película es, en última instancia, acerca de la manera que incluso las personas más marginadas crean una comunidad, pero mientras los punks de los 70 poseían nociones idealistas para cambiar el mundo, los punks de los 90 parecen sumidos en un fatalismo y escapismo de la realidad que les hace declarar uno tras otro que en cinco años estarán muertos.

En las dos primeras partes de la trilogía, Spheeris hizo un gran trabajo para mostrarnos a los seres humanos y la pasión de los músicos que merece respeto, incluso si sus declaraciones llevan involuntariamente a la risa. En esos casos la frase del declive de la civilización occidental siempre fue una broma, sin embargo en la tercera parte el título deja de ser una ironía; verdaderamente es sobre una generación en picada.



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