Joy Division

Nacido en el desolado paisaje del industrializado Manchester, Joy Division combinó la energía del punk rock con la ira y la alienación de su generación con un efecto imponente, pero dado que la banda nunca logró una gran fama mientras estuvo activo, su historia no es el típico cuento de estrellas de rock and roll, la película maneja sus raíces como obreros y la naturaleza de luchar sin hacer que parezcan normales.

Sus integrantes apenas estaban empezando a degustar la fama, pero en 1980, cuando la banda estaba a punto de embarcarse en su primera gira por Estados Unidos, el vocalista se quitó la vida a la edad de 23 años. Joy Division llegó a su fin de forma que es a veces fascinante, eléctrica e inquietante.

La película parte del histórico concierto del 4 de junio de 1976 de Sex Pistols, que impactó a toda una generación, pero Joy Division también parte de Manchester, la ciudad “sombría y sucia donde se buscaba la belleza porque todo era feo”. Por esa razón el documental inicia con un montaje de la ciudad y una voz indicando que el filme “no es sobre una banda o un grupo de personas, sino de una ciudad que una vez creada la mayor revolución de la sociedad occidental, luego volvió y creó una revolución más grande…”.

Las primeras escenas de la película exploran la ciudad como un escenario concreto que apoyó la fuga masoquista de la poesía sombría de Ian Curtis. Su capacidad de interiorizar el mundo exterior y crear una visión personal que le ayudó a evitar lo establecido se presenta implícitamente, intentan mostrarnos los acontecimientos pasados a través de las reacciones y los recuerdos de los tres miembros restantes para explicar el nacimiento de Joy Division y su transformación final en New Order.

Uno de los puntos fuertes de la película es la forma en que se limita a los principales protagonistas de la historia, extirpando a los críticos en favor de las personas que realmente importan, los cuales tienen cosas muy francas y reveladoras que decir acerca de sus recuerdos de la banda y esa era. Los personajes como la novia belga de Ian Curtis, Annik Honore, y los tres miembros sobrevivientes emergen con fuerza, desde el ingenio amable seco del baterista Stephen Morris a las reflexivas y autocríticas observaciones de Sumner a los encantos rústicos, recalcitrantes del bajista Peter Hook.

Las declaraciones revelan lo qué sucedió cuando formaron Stiff Kittens y Warsaw con canciones "realmente terribles, terribles, terribles”; pasamos por sus primeros conciertos en el Gran Manchester con un formidable despliegue de imágenes de archivo y los seguimos en los recuerdos de cuando entraron al estudio para grabar con el desquiciado productor (y notable adicto a las drogas) Martin Hannett, pero también abarcan la verdad sobre la experiencia de Joy Division, desde el enfoque sin sentido de los negocios, hasta el suicidio más bien romántico de Curtis. Cada uno tiene una mirada diametralmente opuesta de la historia, y sin embargo cada uno llega a la misma conclusión - Joy Division fue el momento cuando el punk realmente llegó a su fin.

Además de las retrospectivas de los restantes miembros de la banda, una gama bien equilibrada de contribuyentes realiza múltiples comentarios sobre todo lo que sucedió en la escena centrada en Joy Division, desde la producción musical y el diseño de las cubiertas de sus discos hasta las influencias culturales detrás del estilo único de la banda. De ahí surgen las verdaderas anécdotas: Curtis insultando vigorosamente a Tony Wilson y siendo recompensado con una presentación de Joy Division en vivo en televisión a nivel nacional; Curtis intentando obtener un libro gratis de William S. Burroughs y recibiendo a cambio "Ah, largate, muchacho"; Peter Hook describiendo el placer pueril que él y los otros miembros del grupo obtenían al poner cereal en la cama de Curtis y su novia Annik Honoré.

Como ocurre con muchos documentales de música, lo más atractivo son las imágenes en vivo y de archivo, en éste caso el material es una sorpresa que contradice la reputación de ser un grupo cerebral, melancólico y lleno de arte. Joy Division se presenta como una banda formidable en concierto, cuyo sonido era más fuerte y más agresivo de lo que se recuerda en su historia y en sus discos, querían “ser una patada a la dentadura” y verdaderamente así se presentaban ante el público.

Además de ofrecer la extraordinaria historia de Joy Division, el director logra dibujar el momento crucial en la historia musical, ofreciendo una meditación sobre la ciudad que estaba luchando por reinventarse a sí misma después de una devastador colapso. Con Joy Division, Grant Gee tiene la virtud de la dedicación a la precisión y los momentos justos con el uso de imágenes significativas para hacer la narrativa accesible y entretenida.

El filme apunta hacia la dinámica de formación y crecimiento de la banda, y en particular las crecientes luchas del cantante principal, manejado cada momento con sorprendente franqueza e integridad. Es un conteo cronológico que inicia con el concierto de Sex Pistols y la inspiración que nació de esos caóticos sonidos, pero el documental da un sentido de la alquimia poco probable que involucra la creación de la música, como apunta el fotógrafo y director Anton Corbjin, sólo se trataba de "cuatro jóvenes, mal vestidos, mal nutridos".



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