Last Days

Gus Van Sant pensó en este proyecto durante casi una década. En cierto momento quiso hacer una biografía de Kurt Cobain, pero decidió desechar la idea por miedo a ser demandado por la viuda del vocalista de Nirvana, Courtney Love. El director intentó alejarse de las teorías de conspiración y los comentarios maliciosos, decidió imaginar como fueron sus últimos días, realizar un trabajo de ficción y trabajar con personajes ficticios, con atisbos de realidad, que tal vez pudieron estar a su alrededor en esos últimos momentos.

Last Days sigue a Blake a través de las pocas horas que estuvo en su casa en el bosque, como fugitivo de su propia vida. Es un periodo de momentos aleatorios y de conciencia fracturada que salta entre exabruptos de rock & roll. De forma introspectiva Blake soporta el peso de la fama, las obligaciones profesionales y el creciente sentimiento de desolación, aunque la primera impresión que tienes del vocalista en las primeras escenas es la de un ser ensimismado, de comportamiento salvaje que vaga en la densidad del bosque, caminando sin sentido, parece perseguir el silencio, murmurando todo el tiempo entre pasos a veces decididos y otros torpes.

Cuando lo vemos regresar a su casa, una elegante mansión de piedra en creciente deterioro, muchas personas intentan ponerse en contacto con él -amigos, representantes y el sello discográfico, incluso un detective privado- pero él no desea ser encontrado. En la neblina de sus últimas horas, Blake sólo pasará el tiempo consigo mismo, huyendo de la gente que vive en su casa, que se aproxima a él sólo cuando necesitan algo, sea dinero o ayuda con alguna canción. Se esconde de un preocupado amigo y rechaza a otro, sin embargo cuando un extraño que trabaja para las páginas amarillas lo visita contesta educadamente que el éxito “finalmente, es algo subjetivo”.

Ninguna persona de las que aparecen en la película puede acercarse realmente a Blake, tampoco lo puede hacer el espectador. Como estrella de rock que es, en medio de la distancia, irradia una fuerza invisible, un severo código de supresión que desde el exterior parece ininteligible. El personaje extraordinariamente caracterizado por Michael Pitt dificilmente habla y cuando lo hace sus comentarios son entre dientes, como un torrente vagamente obsesivo, lo poco que logras entender tiene un significado totalmente banal, excepto el momento en que escribe en su diario: "I lost something on my way to wherever I am today".

De forma especulativa y opaca, el filme ofrece en lugar de una narrativa común la posibilidad de observar de forma desnuda la experiencia de un conflictuado músico aproximándose al final de su vida. Y aunque una renuncia de responsabilidad al final de la película plantea que los personajes “en parte, son ficticios”, no vemos gran distancia de Kurt Cobain. Las múltiples frases, las referencias a personajes que conocemos, los comentarios sobre esos últimos días que tanto hemos escuchado e incluso la característica forma de vestir del músico plasmada en tantas fotografías son evidentes en Last Days.

Mientras el músico vive en un constante mutismo, inmerso en un mundo locuaz que a cada instante quiere obligarlo a hablar y actuar, Last Days intenta mostrar una biografía sin una historia, como un monólogo sostenido que dificilmente puede ser escuchado, un retrato del interior que niega el acceso a la vida, sólo podemos tratar de entender a través de las múltiples capas de imágenes y sonidos incidentales, que Gus Van Sant utilizó para articular un paisaje emocional de un alma en transición. Con un tratamiento de elementos cinemáticos – imágenes, sonidos y acciones – la película nos sumerge en un ambiente que es más emocional y sensorial que material. Es un filme diseñado para una interpretación individual sobre la desolación interior, la muerte y la pérdida.



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Level 11 por Karina Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.sonicarsenal.blogspot.com.

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