Shine A Light

Filmada en 2006 en el Beacon Theater de Nueva York, el concierto por si mismo fue para recaudar fondos para una organización de beneficencia de Bill Clinton, pero no importa la configuración, los Stones logran justificar su título no oficial de la más grande banda del mundo. Para Scorsese ese es un hecho que ha iluminado la banda sonora de muchas de sus películas, por eso es una pequeña sorpresa encontrar al director y su equipo lidiando con grandes dificultades para la grabación del concierto, y así es justo como inicia Shine a Light, con un granuloso blanco y negro lleno de preparativos detrás del escenario que en menos de 10 minutos logra arrojarnos hasta el colorido escenario donde no importa nada más que los cuatro Stones que lo pisan.

Ahí vemos al propio Scorsese tirando de su cabello, mostrando la frustración de alguien acostumbrado a una cuidadosa planificación, dando paso a la conmoción de la espontaneidad. Hay llamadas telefónicas, reuniones, ensayos, el diseño del escenario. Cuando aparece el ex Presidente Bill Clinton llegamos a una confluencia de tres tipos de estrellas de rock de la misma edad pero de diferentes ámbitos: cine, la política y la música. Luego, camarógrafos y músicos ocupan su lugar, los 30 invitados de Clinton hacen su aparición, Scorsese aprovecha el momento para filmar de forma cándida ese meet-and-greet y destacar las diferentes personalidades en la banda. Keith Richards y Ron Wood son los payasos, siempre bromeando alrededor; Mick Jagger es el consumado profesional, siempre amable y dispuesto; Charlie Watts cargar cierto aire de dignidad.

Los primeros detalles del concierto más íntimo de la gira Bigger Bang de 2006, intentan darnos todo el drama detrás del escenario: Mick Jagger no quiere que Scorsese tenga montones de cámaras moviéndose, nadie puede dar cuentas del setlist, las luces para cine podrían quemar dramáticamente a los Rolling Stones (y nadie quiere ser el encargado de achicharrar a Jagger), todo parece actuado, pero las risas son el preparativo de Scorsese, construye la anticipación para el momento en que el escenario se oscurecerá y un conocido riff ocupara el espacio. Entonces, empieza la música: a golpes, el conglomerado de optimista de notas, ritmos y letras.

Es en ese momento que el director abandona la parte de documental y nos lanza a la escenas de los conciertos dos conciertos en el Beacon Theater: 19 canciones, algunas con apoyo vocal, algunas con figuras del rock, pop y blues como Jack White, Christina Aguilera y Buddy Guy, un reflejo de todas las edades y géneros que han logrado abarcar los Rolling Stones. Durante dos horas la intensidad pone a prueba la lealtad de todos y, como una película de un concierto que cuenta con el respaldo del mejor director y los mejores fotógrafos, está llena de secuencias íntimas sin problemas de edición, infinitamente cautivante.

La película interrumpe periódicamente el concierto con algunas imágenes de archivo, clips de noticieros y entrevistas con miembros de la banda que resultan invaluables para responder tus sospechas. Sin embargo esas intervenciones en el tiempo no son simples allanamientos al concierto en blanco y negro, son los encargadas de hacer las preguntas sobre el grupo, y tal vez algún miembro de la banda intente contestarla en ese momento, pero la verdadera respuesta llega cuando el director te traslada al concierto.

Shine a Light destaca por eso, por su habilidad para construir una historia dentro del espectáculo, porque mientras las imágenes de archivo preguntan, el concierto responde los cuestionamientos sobre edad y longevidad. Cada arruga cuenta una historia y con la calidad de las cámaras de la actualidad, hay demasiadas historias por contar sobre ese escenario y los cuatro hombres cuyas edades combinadas suman 750 años y que aún pueden tocar rock'n'roll de forma extremadamente convincente.

Es verdad que las canciones prácticamente son las mismas y Scorsese tiene el gusto de atenerse a la música, pero lo hace de una forma en que las técnicas utilizadas se convierten en energía. El fime es una oda a esa longevidad, al hecho de que los ciudadanos mayores del rock and roll no tienen porque retirarse, sobre todo cuando tienen la pasión y la energía para mantenerse en la “zona”. Es difícil imaginarlo, pero Shine A Light nos da los Rolling Stones en una manera fresca. Scorsese da cuenta de que la gran figura de los Stones no ha perdido nada a pesar de los años y los discos de poco éxito. Lo sorprendente es que nos damos cuenta de eso lejos del concierto gigante en la playa en Río de Janeiro, un evento culminante de la gira A Bigger Bang y que originalmente era lo que le interesaba a Mick Jagger mostrar en Shine A Light, pero afortunadamente Scorsese habló fuera del gran masivo y nos llevó hasta un teatro pequeño pero hermoso, más íntimo y controlable.



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