Queen: Days of Our Lives

Pretenciosa, rimbombante, pomposa, pero sobre todo Queen era una banda de pop, al menos se convirtió rápidamente en eso, pero como un caso excepcional que mezcla un fenómeno musical y lo extraordinario a partir de elementos bastante inusuales, responsables de la búsqueda de técnicas que igualara los excesos, las aspiraciones a la genialidad, la tragedia y la innovación. Para mostrar ese gran choque de ideas y estilos distantes, el filme traza correctamente sus altas y bajas sin convertirse únicamente en la historia de Freddie Mercury, sino la de un conjunto.

Days Of Our Lives no es una retrospectiva complaciente, aborda los cambiantes estilos del vocalista y cada músico, las canciones que no recordamos por evidentes razones, los excesos con fiestas con drogas en charolas que ni ellos recuerdan, las continuas separaciones de ideas, el abuso de las disqueras, las inflexibles críticas musicales y revela sin dudar la parte mercenaria, que se evidencia con mucha franqueza cuando Freddie Mercury contesta que la canción más importante para él es “la que vende más”.

El documental es lo suficientemente amplio como para capturar a Queen en su totalidad, para dar profundidad a los personajes detrás de las figuras vistas en el escenario. La primera parte del documental detalla el nacimiento del grupo, con la reunión de un posible dentista, un estudiante de doctorado de astronomía, un niño inmigrante de Zanzíbar y un coleccionista de recortes de periódicos que actualmente se ha recluido en el silencio, la suma de varias partes que conformaron finalmente Queen.

El filme de Matt O'Casey realiza un perfecto reparto de personajes. Mercury aparece desde el principio como el showman que recordamos, pero también lo presenta como alguien que pacientemente espera la oportunidad para unirse al primer grupo del guitarrista Brian May y el baterista Roger Taylor, Smile, que también era capaz de lanzar ladrillos a través de la ventana de la casa del representante de la banda o discutir de frente por cuestiones de ballet con Sid Vicious de Sex Pistols.

Junto con las individualidades, Days Of Our Lives expone los logros, los fracasos y los errores cometidos en conjunto, no deja afuera la capacidad para ir hasta diferentes estudios para grabar una sola canción e impresionarnos con la creación de sus eufonías vocales, tampoco olvida los tracks ni los proyectos solistas que quisiéramos no haber escuchado, la realización de los primeros conciertos masivos de gran escala en Argentina (durante la dictadura) y Brasil, ni pasa por alto el conflicto provocado por su presentación en Sun City en Sudáfrica durante el sistema de segregación racial del apartheid, que termina entendiéndose como una cuestión libre de política sino llena de dinero.

Aunque Days Of Our Lives no necesita detalles para ser convincente. La cuenta en el aumento de la fama de Queen está llena de imágenes espectaculares, pero no descarta los momentos sobre un final trágico conocido por todos, que debido a la naturaleza delicada de la muerte de Freddie Mercury podría haberse convertido en un producto sensacionalista, sin embargo la historia de Queen a partir del diagnostico de SIDA del vocalista se convierte en días de una evasión creativa, indudablemente conmovedora.

El documental recorre gran parte de la historia de Queen, aunque en realidad no hay ninguna revelación particular, pero no es de extrañarse, Brian May y Roger Taylor admiten en el mismo filme que se hicieron con el hábito de mentir sistemáticamente desde que se cuestionaba la salud de Mercury, así que tal vez los detalles de quién sabía qué y cuándo que fueron parte de la campaña de desinformación, podrían todavía estar presentes y por eso mismo no encontramos entrevistas nuevas con John Deacon.

Incluso eso es parte de la historia de Queen, una banda que nunca fue profunda y reflexiva, por eso algunos silencios no son del todo inapropiados. Days Of Our Lives intenta de muchas formas hacernos entender eso, siempre están sobre la superficie más que dentro de la sustancia, y sólo hasta el final de su carrera se encuentran motivos para escarbar en emociones más profundas con canciones como The Show Must Go On’ y The Miracle.



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