Glastonbury

Cuando las características de Glastonbury son el lodo y la lluvia, un filme sobre el festival sólo podría ser sobre inmersión en hippies, ravers, barricadas, baños portátiles, tiendas de campaña, bailes trasnochados, cantos de madrugada y en todos aquellos que no están dentro de la fiesta sino verificando que salga bien, todo capturado sin parpadeos, algo más bien frenético y vivencial.

La inmersión no es lineal, es una amalgama de historias a lo largo de 35 años que brindan la sensación de que a pesar de que a música es el eje principal de Glastonbury, el verdadero foco es la gente que asiste y construye el festival. Eventualmente, las caras de la multitud debajo del lodo de Glastonbury se convierten en el fondo del filme, pero el director Julien Temple no presenta las figuras de forma romántica, sino con una carga de humanidad.


Esa alocada idea nos lleva de un lado a otro, desde las primeras imágenes de Michael Eavis y los primeros grupos en presentarse hasta las ruinas de Stonehenge y el rechazo de los habitantes de Glastonbury. De 1970-71 saltamos a 2005, aunque el evento creció rápidamente, algunas cosas no han cambiado, sigue el inevitable choque de civilizaciones entre la gente del pueblo y las hordas invasoras. Los gitanos y personajes errantes siguen llegando, permanecen los nudistas espontáneos y los músicos siguen cumpliendo su compromiso anual, los cambios en la historia son que el festival de amor libre que Michael Eavis creó en la actualidad tiene un cerco casi impenetrable, lleno de cámaras de seguridad y altos costos en los boletos.

Construido a partir de imágenes de toda la historia del festival, fragmentos de Glastonbury Fayre en 1971 a través de la cobertura de la televisión británica y películas domésticas, el filme ofrece un pasaje de impresiones y no datos concretos, llevándote a trompicones por los tres días del festival, haciéndote caminar en el lodo y la locura que se desata, deteniéndose en pocas ocasiones para que observes desde un punto de vista más privilegiado las actuaciones de Blur, Björk, David Bowie, Morrissey, Nick Cave and the Bad Seeds, Pulp y el fallecido Joe Strummer, quien desata su furia en contra de las barricadas de seguridad que Eavis construyó en 1999, destacando con elocuencia las contradicciones culturales que Glastonbury ahora representa.

Al final, el documental es sobre cambios y la forma en que Glastonbury se adapta o no a la cultura, a eso se debe el caleidoscopio de imágenes que responde a diversos momentos y épocas del festival, elementos que parecen distracciones contra el marco de las grandes presentaciones en vivo, pero que en realidad son la realidad en sólo tres días en los campos que originalmente albergaban una granja, por eso el foco principal de Temple son los aspectos de carnaval y tribales de la experiencia. El director desea que entendamos "Glasto" a un nivel más íntimo.

Aunque la película de Temple nunca presenta un acto en su totalidad y se niega a seguir un recorrido cronológico, logra un contexto de atrás hacia adelante a lo largo de los años, sumerge a la audiencia en el espíritu de la fiesta con una edición ingeniosa que astutamente marca ideas, abarcando desde la política, las causas sociales, la policía, la fricción, los hijos, la falta de sueño, el uso de drogas, la bebida y actuaciones en el escenario, la experiencia completa sin miedo a la resaca y el cansancio del final, donde los peregrinos salen en caravanas atestadas, piden aventón o permanecen dentro de sus tiendas de campaña hasta que la última montaña de basura desaparece del valle.



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Level 11 por Karina Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.sonicarsenal.blogspot.com.

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