Strange Powers: Stephin Merritt And The Magnetic Fields

Algún admirador famoso dijo que es “la persona viva más desagradable que existe”. Stephin Merritt, por su parte, admite, “soy una persona bastante oscura”. Aparentemente, al final uno no puede evitar darles la razón, sin embargo la película sobre su vida y el grupo Magnetic Fields valen el recorrido por lo oscuro y la mirada penetrante que hace que los ojos de “Lou Reed parezcan los de un huérfano”.

Strange Powers ofrece una visión del mismo Merritt, un perfeccionista incisivo, que realiza sus grabaciones en un atestado departamento en Nueva York, lleno de todo tipo de extraños e increíbles instrumentos (así como una gran colección de ukuleles), que vemos colaborar con sus compañeros de grupo como parte de una exploración aparentemente superficial de su historia personal - su educación itinerante por una madre soltera hippie y una atisbo al padre que nunca ha conocido, el popular cantante Scott Fagan – pero más que nada es el testimonio de algunos amigos de Merritt y admiradores como Daniel Handler (Lemony Snicket), el escritor Neil Gaiman y la comediante Sarah Silverman.


Las entrevistas hablan un poco sobre la percepción exterior que se intenta rascar con el documental, los comentarios sobre Merritt crean una imagen. Mientras Carrie Brownstein del grupo Sleater-Kinney dice que el vocalista le intimida y Peter Gabriel piensa que es un genio, los adjetivos nos depositan con reservas en las canciones, revelándose abiertamente inteligentes y bellas, pero tienden a no mostrar mucho acerca de su autor, o al menos no de manera casual o en la superficie. Tal vez por eso sus seguidores son tan devotos.

Mientras la película evoluciona con la relación de Merritt con Golson, a quien conoció en su adolescencia, las directoras Kerthy Fix y Gail O'Hara muestran que dentro lo lacónico las composiciones son una respuesta extendida de la infancia de Merritt, es entonces que la palabra “difícil” se convierte en el motivo central, el motivo que mueve un documental que tardó 10 años en concretarse, exhibiendo una deferencia que se siente como un resultado parcial de su largo período de gestación.

Pero eso no es lo que hace a Merritt un músico que es realmente interesante, sino sus ideas sobre sí mismo, que llegan honestas y, con frecuencia, revelan los bordes espinosos de su proceso creativo. Fix y O'Hara se las arreglan para evitar ese mal humor, leen entre líneas y llegan a un retrato más satisfactorio del artista como un cascarrabias de mediana edad, pelan suavemente esa cáscara, pero hacen poco esfuerzo para llegar a lo que hay debajo y se detienen donde todo se convierte en algo afectuoso y desconcertante.

La película muestra muchas escenas de él escribiendo, grabando e interpretando, enlazadas con breves momentos de sus pensamientos y el interior de su departamento en el East Village. La platica intrascendente se mantiene al mínimo, con los límites sobre vida privada, pensamientos, familia y proceso creativo fuera de discusión. Aún con una puerta medio cerrada logran una película entrañable y absorbente, con sabor a música de Merritt y los curiosos giros que la vida de su protagonista y el arte han tomado.

Al final, sientes la contención de un personaje, la forma en que percibimos al cantante y al compositor se acerca a lo salvaje, pero la ligereza de sus movimientos, la vitalidad y encanto de los aficionados a Magnetic Fields dejan ver que esas dulces melodías que canta tan secamente surgen de un núcleo de verdad dulce, emergen de un hombre detrás de una banda que inspira devoción dentro de un pequeño y diverso grupo de personas, mientras que permanece virtualmente anónimo para el público en general.



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