Pulp en México

Palacio de los Deportes 
23 de abril de 2012

Cuando vas a un concierto de éste tipo tienes algo muy claro, es una reunión. Lo que puedes esperar es muy concreto, sabes que la banda no está promoviendo un disco y que ya no correrá el riesgo de probar canciones nuevas ante el público, los experimentos sólo se realizan dentro de los parámetros de lo que ya es conocido y que el termómetro de la audiencia ya ha aprobado en múltiples ocasiones.

En este caso y muchos casos, la variedad radica en la forma en se presentan los grandes éxitos y cómo se logra que la experiencia coreografiada por las razones anteriores sea diferente cada noche.
No hay duda, Pulp sabe hacerlo.


Es claro que el setlist no cobra sentido de manera natural, ocurre de forma espontánea después de que se acabaron las canciones programadas y el público exige más con sus emociones genuinas, pero de eso dependen los orquestadores de emociones. Aunque con Jarvis Cocker más que orquestador se trata de un creador de historias.

Precisamente así es como Pulp construye sus conciertos, tejiendo historias en bloques, armando intimidad y euforia con base al momento y el lugar, haciendo notar que aunque en la siguiente hora con 50 minutos escucharás todo lo que habías querido escuchar, el grupo nota que no está en el mismo escenario y cada noche no es una repetición exacta de la anterior. Simplemente sabes que el grupo tiene ideas diferente en el escenario (aún con el mismo acto) cuando del bolsillo de Jarvis Cocker surgen chocolates y no monedas, como las que arrojó al público en su primera presentación en Coachella 2012.

De ahí partimos hacia menciones de un Diego Zúñiga (que desconocemos porqué no pudo asistir al concierto y se le dedicó una canción desde el inicio), las frases de Cervantes en el día de su fallecimiento, con el contraste del Día de Saint George y con Cocker explicando las leyendas de sus luchas contra dragones, siguiendo con las evocaciones al sonido de un volcán en erupción, lo que nos hace suponer que el vocalista también vio las noticias sobre las exhalaciones del Popocatépetl.

Como cuenta cuentos que es, Jarvis Cocker poco a poco logró que las ovaciones y aplausos que surgen a veces sin sin razón con cada palabra que dice cualquier músico, se fueran transformando en un diálogo, donde el público logró escuchar y el vocalista hizo preguntas, recibiendo respuestas en coro para empezar a construir imágenes entre los asistentes, colocándolos entre canción y canción en diferentes lugares: dentro de una tortuga (su analogía del domo del Palacio de los Deportes), frente al fuego o presenciando una pelea en las calles de Sheffield "por tener un corte de cabello chistoso".

El de Pulp es un set que también responde a las ideas detrás de sus canciones, con las letras armando bloques donde se podría hablar de una historia completa y muy cercana a todas las imágenes que surgen esos cuentos cortos, en los que el grupo logra guiarte una vez que te has entregado y has empezado a participar en las largas introducciones y los característicos monólogos de Jarvis Cocker, que en épocas anteriores incluso le valieron algunos “¡cállate y empieza a cantar!”.

A lo largo de 24 canciones, dos encores y agregados de último momento (que no verán en la imagen del setlist publicada por OCESA), Pulp nos introdujo al juego de las palabras, llevándonos al inicio donde el personaje que interpreta Jarvis Cocker siempre observa a la distancia (Disco 2000, F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E., Like a Friend, Babies), para después moverse a la aproximación completa que deja atrás el juego del voyeurista y la pequeña cámara que apareció en I Spy, para situarse en Underwear, que fue oportunamente interpretada gracias a un brassiere arrojado por alguien del público al escenario. Perfectos movimientos de imágenes sugerentes que nos llevaron hasta la claridad explícita del “¿do you know what I mean?” de This Is Hardcore, una frase muy recurrente en las canciones de Pulp.

Una vez arrojado el saco y la corbata, empapados en sudor como el mismo Jarvis Cocker, lo único que le bastó a Pulp para dejar claro al público mexicano que ahora si recordaría la primera vez, fue ahondar en esos momentos que, después del hit Common People, son para darse el lujo de ser complacientes únicamente con los que ven más allá de la reunión y que han apreciado las crónicas de las calles de Sheffield desde la perspectiva de un protagonista de larguísimas líneas de pensamiento, que terminan como títulos de canciones que son arrojadas hacia el público al final como avioncitos de papel.

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