The Other F Word


El punk más que cualquier otro género se trata de nunca envejecer, crecer no es parte de su ética, el Do It Yourself no incluye la paternidad entre sus reglas para sobrevivir, principalmente es sobre la palabra que glorifica la inconformidad, sin embargo puede resultar más altisonante la otra F, la que debe someter el “fuck” cuando se habla de “faterhood”.

El punk es una actitud de múltiples astillas, que aún bajo su principio unificador, tiende a validar la muerte, pero despoja a sus soldados de la posibilidad de convertirse en adultos, eso nunca es aceptable. En general, es una de las extrañezas de las estrellas de la música: se hacen mayores, pero sus canciones permanecen tan jóvenes como sus fanáticos, el mismo tipo desagradable y contestatario de hace dos décadas, debe seguir desafiando a la autoridad, pero como demuestra The Other F Word, para muchos es sólo una fachada para mantener la inconformidad de los más jóvenes.


“¿Cómo fuimos de rebelarnos contra nuestros propios padres a convertirnos en padres nosotros mismos?”, pregunta fundamental que formula Jim Lindberg, líder de Pennywise, que para sorpresa del que empieza a ver éste documental, no sólo es un devoto padre, también es un músico preocupado por el tinte que debe cubrir sus canas para seguir luciendo vitalidad ante sus seguidores.

Con encanto e ingenio, The Other F Word explora la transformación extraña del punk, con Jim Lindberg y su himno Fuck Authority como líneas hacia la madurez y las responsabilidades. Aunque el vocalista de Pennywise es el principal protagonista, en el documental participan múltiples exponentes de la escena punk de Los Angeles, entre ellos Flea (Red Hot Chili Peppers), Ron Reyes (Black Flag), Mark Hoppus (Blink 182), Art Alexakis (Everclear), Tim McIlrath (Rise Against), Lars Frederiksen (Rancid) y Fat Mike (NOFX), quienes se abren para mostrar a sus familias, sus vidas debajo del escenario, sus infancias problemáticas y cómo, hoy en día, el punk parece ser el equilibrio entre lo profano y la rabia de ser consciente.

Lindberg, quien escribió años antes de The Other F Word el libro Punk Rock Dad, es el centro de la historia, revelando las singularidades de ser un padre con oficio de gran estrella de un género. El vocalista es astuto, articulado y sumamente consciente de los dos papeles que desempeña, al menos dentro de The Other F Word. Lo visitamos en su casa, lo vemos empacar y jugar con sus tres hijas, él nos lleva a los otros miembros del gremio de padres de raíces punk, quienes portan elaborados tatuajes que no saben como explicárselos a sus hijos, van a juntas en la escuela y necesitan comprar versiones limpias de sus propios discos para escucharlos con su familia.

El fuck del escenario se vuelve la palabra prohibida en la casa. Lo extraordinario del camino y lo ordinario de la vida en familia de cruzan, en algunos casos vemos a esos padres punks desdoblarse, en el caso de Lindberg mantener el mito para los seguidores lo encamina a ser el mal padre que lo llevó a él mismo hacia el punk. De ahí surgen los contrastes, las historias tristes y las escenas graciosas donde los vemos pasar de cuartos de princesas a habitaciones conyugales de paredes negras, juegos de Barbies con un muñeco de Devo, cantos infantiles en camionetas familiares y maestros llamando a la policía cuando ven a esos punks en los pasillos de las escuelas.

La directora y escritora Andrea Blaugrund Nevins logra un documental que no sólo es entretenido y emotivo, es sumamente punk, con reminiscencias de The Decline Of Western Civilization al mostrar en la pantalla la letra de las canciones durante las presentaciones en vivo, realizando un perfil informativo y completo de estos músicos y de la escena de la que son parte. Naturalmente, los anarquistas cuyo comportamiento excéntrico ofrece una interesante crítica de la sociedad, son profesionales del punk y bien intencionados padres rebeldes de carrera, que debajo del escenario pierden todo su aspecto temerario.

The Other F Word funciona como una historia informal de la escena del punk rock de California, pero también se muestra como un tratado sobre la cambiante economía de la industria de la música, evidenciando que las escasas ventas de discos han provocado que las bandas saquen el máximo provecho en las giras, manteniéndose alejados de sus hijos, aunque en otros casos ha servido para perpetuar ese mundo donde la madurez y las responsabilidades nunca llegan.

Lo más grande de The Other F Word es observar a los punk viejos que eran símbolos de anti-autoridad tratando de ser una figura de autoridad en la vida de sus hijos. Se examina cómo estos artistas siguen para ganarse la vida con su música y al mismo tiempo criar a su progenie, y cómo a veces estas cosas chocan sin control, pero otras veces se combinan perfectamente.



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