Better Than Something: Jay Reatard

En la noche en que cruzó a los 28 años de edad, Jay Reatard celebró no haber entrado al Club 27, aunque tenía todo para aparecer en la lista. Better Than Something no intenta resolver el misterio de cómo alguien puede ser a la vez tan productivo y destructivo. Un aspecto positivo de este enfoque es que la película evita las ironías baratas que inevitablemente se derivan de cualquier discusión con un artista cuyas canciones (It Ain't Gonna Save Me, An Ugly Death solo por mencionar algunas) apuntan hacia un trágico final después de 14 discos de larga duración y más de 40 EPs y sencillos en un curso de 11 años.

Antes de morir por una sobredosis accidental de alcohol y drogas a la edad de 29 años en el 2010, el músico de Memphis Jimmy Lee Lindsey Jr. fue un punk prolífico, con un don para las melodías pop pero con un desempeño y un semblante ferozmente antisocial que lo llevó a todo tipo de problemas. Para llegar a esos detalles no es necesario un narrador, las piezas perdidas en la vida de Jay Reatard solo son parte de otro contexto dentro de la historia de Jimmy Lee Lindsey Jr. En el documental es el propio Lindsey quien ofrece una gran cantidad de información sobre por qué él hizo lo que hizo, con una visión musical basada en el uso de la tecnología deficiente, el paso de múltiples compañeros de banda, confesando que algunos de sus deslices con las drogas eran su manera de destruir su vida para reconstruir a partir de cero.

Basándose en una serie de conversaciones con palabras en alta velocidad, confesionales y a menudo conmovedoras, la vida de Lindsey se funde en una serie de eventos que van desde mala suerte, infancia convulsa hasta una ética de trabajo atípica que termina expulsando a quien no resista el paso. Las experiencias traumáticas tempranas hacen alusión a las razones de su célebre inestabilidad y prolífica producción musical, tanto como solista y como miembro de numerosas bandas, creando música como si supiera que no iba a estar allí por mucho tiempo.

Better Than Something captura a su objetivo en una encrucijada, con Jay Reatard lejos del Club 27, cerca de la década de los 30 y perdiendo la furia que lo marcó en los años anteriores y precisamente le dio su nombre en el escenario. Reatard hace un retrato de sí mismo, dirigiendo la conversación con sus respuestas o indicando el camino a seguir para llegar a uno de los puntos de su historia, situándonos en el mapa de donde salieron sus canciones, para nuestra sorpresa algunas veces las anécdotas resultan tan escalofriantes como sus canciones más estridentes.

Con el paso de los minutos dentro del documental, surge un artista lleno de autodesprecio y con ironías humorísticas, a veces el documental revela dolorosamente que las confesiones e imágenes en vivo nos llevarán inevitablemente a la vida truncada de Jay Reatard. Ese es el ambiente que delinea Better Than Something, los directores Alex Hammond e Ian Markiewicz presentan un agridulce memorial que no profundiza en los datos de prensa, porque en ese sentido, su mayor activo es el propio Lindsey.

Los directores se niegan a conectar los puntos psicológicos a medida que se acerca la alineación de su uso de drogas con su muerte, pero son lo suficiente arriesgados para dejar que el propio Jay Reatard sea el que indique el camino. Después de 89 minutos, su muerte accidental llega como una inclinación abierta a empujar los límites, tal y como lo demuestran sus palabras y las declaraciones de amigos, familiares y músicos que lo rodearon durante esos años demasiado honestos de Jay Reatard.

Better Than Something se abre a todas las perspectivas, incluso las múltiples visiones de Jay Reatard sobre sí mismo, dependiendo la perspectiva y/o encuentros con él, se trata de un miserable o un músico dedicado a defender a su propia ética a cualquier precio. Las yuxtaposiciones hacen del documental algo digno de descifrar, hacen que empieces a dejar la superficie para adentrarte en los detalles que llevan al final del músico, con muchas ideas que no solo se encuentran, muchas veces se contradicen unas a otras.

Better Than Something es más viva cuando las entrevistas se detienen y Jay Reatard nos lleva a los conciertos en pequeños escenarios y en tiendas de discos, evidenciando al volátil artista con corto temperamento que podía romper botellas sobre su cabeza, amenazar y después atacar a sus compañeros de banda o, tan solo para traumatizar a los asistentes, asesinar a un animal y lanzarlo al público. Pero el revuelo cambia cuando volvemos a Jay Reatard hablando tranquilamente y con pasión acerca de la música y el confiado perfeccionismo que se espera de él.

La falta de coherencia narrativa que al principio molesta, termina convirtiéndose en la idea general, con movimientos acelerados que hablan de la franqueza y los miedos reales sobre la muerte, pero también de las obsesiones y pasiones que mueven a Jay Reatard entre la miseria, la fugaz felicidad y el verdadero impulso creativo.

Es un documento íntimo que se expandió del corto Waiting for Something y una recopilación de canciones que el propio músico envió a los realizadores, por eso, en lugar de ceder a la estructura narrativa de la entrevista, el entrevistado se encarga de llenar los huecos de su historia, a veces de forma superficial, en otras mostrando a un asustado joven que siempre se sintió como si estuviera “en una carrera contra el tiempo”.



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