Kurt Cobain: About a Son


Desde el inicio las ideas se separan para llevarte al contexto, mientras aparecen en la pantalla imágenes del estado de Washington, escuchamos una voz apagada, distante, que empieza a construir el retrato de un personaje que en About a Son nunca veremos, pero trataremos de comprender al escucharlo libre de los símbolos que acompañaron su música y a toda la generación encasillada como grunge.

Al combinar las entrevistas realizadas por el periodista Michael Azerrad con las imágenes de Aberdeen, Olympia y Seattle – las tres ciudades que tuvieron mayor importancia en la vida de Kurt Cobain – el director A.J. Schnack ensambla un viaje dentro de la mente de una leyenda que, en pleno éxito, busca mostrarse como alguien no tan interesante puede convertirse en una leyenda, mostrando diversos matices entre alguien que si disfrutaba su vida y declaraciones fatalistas que a la distancia hacen que su suicidio parezca una conclusión no percibida.


Más un audio ilustrado que un documental, la ventaja de Kurt Cobain: About a Son es distraernos de cualquier idea preconcebida, eliminando el culto a la celebridad que persigue, revelando al sujeto, el fallecido vocalista de Nirvana, como alguien inteligente y observador. Discute sus influencias como una síntesis de pop, punk y rock mezclados en su cabeza por Queen, Bruce Springsteen, Cheap Trick, Iggy Pop, Scratch Acid y Mudhoney, entre otros, pero también aborda su necesidad de no pertenecer, la dependencia a las drogas (y sus inevitables justificaciones para su uso), además de añorar tener una familia, los conflictos que enfrentó con Courtney Love (a quien compara con Nancy Spungen), y considerarse un personaje de caricatura ante “la más desalmada forma de vida sobre la tierra”: los periodistas.

La serie de entrevistas realizadas entre media noche y el amanecer en la casa de Cobain en Seattle vía telefónica, se fragmentan para combinarse con el panorama del Pacífico y el noroeste de Estados Unidos en la actualidad, trazando una perspectiva de escuelas, cafés, lugares para conciertos, casas baratas, astilleros, depósitos de madera, bosques húmedos y el monte Rainier vigilando a la clase trabajadora de Aberdeen. Las imágenes se combinan con la voz en off de Cobain logrando un efecto acumulativo que se filtra en la película para lograr cohesión en la narración, separándose algunas veces y en otras describiendo visualmente lugares vitales para su vida y su carrera.

La cara de Kurt Cobain no aparece hasta el final de About a Son, no hay imágenes de archivo, no hay declaraciones de quienes convivieron con él, no están presentes ningunos de los atributos del documental convencional, tan sólo fotografías y secuencias sustentadas por la voz que la mayoría del tiempo nos hace pensar en alguien ordinario que sufría dolor constantemente. Fascinante, divertido algunas veces y confuso la mayoría del tiempo, mostrando tanto los lados positivos como los destructivos de su personalidad.

A.J. Schnack condensa las 25 horas de audio para ofrecer una meditación íntima de su vida, un complemento del libro de Come as You Are: The Story of Nirvana de Michael Azerrad, material para el que originalmente se realizaron las entrevistas que escuchamos. Desde ese inicio se establece una distancia, el director aprovecha esa brecha para no identificar personas ni lugares, Schnack lleva su cámara a las viejas casas de Cobain, su escuela secundaria, un motel junto al mar donde una vez trabajó, incluso la cabina de teléfono en Seattle donde solía inyectarse heroína, pero en realidad todo permanece lejano, con personas anónimas, eventos misteriosos y un montón de paisajes.

Todo para llevarnos a un estado meditativo, lejano a la disección biográfica a las que nos hemos acostumbrado, Azzerad y Schnack permiten que el sujeto se estudie a sí mismo. La falta de otra presencia, permite muchos significados, incluso no hace confiar en la voz de Cobain cuando afirma que no es un tipo interesante. Parece algo íntimo, pero su narración sin cuerpo nunca nos permite enfocarlo, la historia de Cobain se queda en los bordes, dejando un gran agujero vacío en el centro, que puede ser muy parecido al propio Cobain.



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