Gimme Shelter

“¡Keith! ¡Deja de tocar!”, el grito de Mick Jagger se escucha desesperado desde el escenario. The Rolling Stones apenas inicia su presentación, la canción Sympathy for the Devil es interrumpida inevitablemente por una pelea, pero esos primeros tres minutos solo reflejan el ambiente que se ha ido acumulando a lo largo del día, la multitud fluye y un sin número de Hell’s Angels toma el escenario, la banda da varios pasos hacia atrás, contempla incrédula como una serie de malas elecciones, problemas de organización y seguridad convierten su concierto gratuito en un verdadero pandemónium.

Al centro de todos los conflictos posibles, se desarrolla el festival de Altamont, con los Rolling Stones regodeándose en la fama, cierta arrogancia y la espera de su gran noche; pero del otro lado se encuentra la audiencia, creyente del mito de amor y paz mundial, intoxicada por las ideas, enfrentada con sorpresa a los Hell’s Angels. De esa manera, un filme que promete únicamente un concierto, no tarda en convertirse por múltiples factores en un documental de una era llegando a su fin.

Un documental de rock 'n' roll, una película de concierto y el registro de un evento, sin embargo las circunstancias convirtieron al filme en el fin simbólico de los años sesenta. Gimme Shelter es un documento de rock importante en el que la música es una muy pequeña parte de la magia. No es un retrato de los músicos como personas, en realidad cuando aparece el grupo es para enfrentarse al caos. Mick Jagger y Charlie Watts son los únicos que aparecen en más ocasiones ante la cámara, pero no lo hacen para otorgarnos un momento de profundidad sobre su música, es para revisar estupefactos los hechos ocurridos en Altamont.

La película es un montaje de situaciones contrastantes, sesiones de grabación y momentos al lado de Rolling Stones, organizadores advirtiendo los múltiples problemas de realizar un concierto gratuito con tan poco tiempo, largas filas de personas caminando en la carretera, pequeños enfrentamientos y evidencias de muy malos viajes al calor del alcohol y otras drogas. El otro ambiente alrededor es más importante que el propio concierto, domina la conciencia de la película y da una coherencia a todas las imágenes. Lo que inició como una crónica del final de la gira de Rollins Stones durante el verano de 1969 en Estados Unidos, se convirtió en algo completamente diferente cuando los directores siguieron a la banda hasta el concierto gratuito en la bahía de San Francisco y este es reubicado por razones de seguridad.

El concierto de Altamont es recordado como uno de los hechos más infames de la historia de la música, han ocurrido incidentes similares en festivales posteriores, sin embargo ninguno quedó tan grabado en la memoria como el momento en que la canción Under My Thumb se convirtió en el fondo de una pelea, con uno de los asistentes sacando una pistola y siendo apuñalado por un Hell's Angel. Dos caminos se cruzaron en el público, resultando en tragedia y ante las cámaras.

La película inicia con la reacción de los integrantes de los Stones a un fragmento de una estación de radio hablando del incidente, un motociclista justifica el ataque y nos deja saber que la seguridad del lugar tuvo como paga toda la cerveza que pudieran consumir, a partir de ese momento iremos y regresaremos a lo largo de toda la historia, saltando a actuaciones y reacciones de los músicos ante las imágenes. Son pocas las palabras que ellos emiten, pero sus expresiones faciales pueden contarnos más que cualquier historia.

La primera mitad de la película transcurre con las complicaciones en la organización, algunas escenas de la triunfal presentación del grupo en el Madison Square Garden y finalmente aterriza en Altamont Speedway con un día para preparar sistema de sonido, crear suficiente espacio para cientos de autos, atraídos desde la principal zona de la psicodélia y el movimiento pacifista de Estados Unidos, y organizar la seguridad. Todo se viene abajo, la película reconstruye esa ruptura desde una perspectiva que hace que todo parezca inevitable, logra capturar todos los hechos y cuando intenta concentrarse en la música, literalmente el caos absorbe hasta el escenario.

La película pudo seguir el curso del concierto, ateniéndose a la impresionante actuación cargada de sexualidad de Tina Turner y hacer algunas referencias a Jefferson Airplane y Rolling Stones, sin embargo la misma invasión de los conflictos en el escenario cambió la estructura de lo que filmaban los hermanos Maysles y Charlotte Zwerin. Los cuerpos desnudos, las botas negras pateando personas, interminables emergencias médicas y los vendedores de drogas al lado del camino, inevitablemente arrebataron la atención de la cámara.

Altamont, que prometía ser la escena final de una década, el punto más alto y el cierre a cargo de la autoproclamada “banda más grande del mundo”, de alguna manera no encajó con las expectativas del poder de las flores y los grupos pacifistas. Incluso la apasionada interpretación de Satisfaction, Sympathy for the Devil, Midnight Rambler y Street Fighting Man pierde cualquier interés, parece un estado de negación a todo el caos y violencia que rodea a los músicos.

Las cámaras siguen cada movimiento, no pueden contener lo que capturan. La violencia en la película crece en proyecciones rápidas: Mick Jagger es golpeado cuando el improvisado personal de seguridad lo guía entre la multitud; de la misma forma el vocalista de Jefferson Airplane es agredido por un Hell’s Angel. Cada acción de la película nos dirige hacia el mismo lugar, incluso cuando la cámara parece distraerse y buscar algo más entre el público, encuentra algo que indica el nivel de la presión en el ambiente.

La hora y media de duración de Gimme Shelter efectivamente explota con escenas directas, cargadas de realidad y fanáticos alienados por el mismo espíritu de la época. El filme revela desolación ante lo inevitable, llevándonos del documental que a los Stones les hubiera gustado tener a la confrontación física directa que evoca respuestas emotivas naturales, ninguna de ellas relacionadas con su música. Cuando el evento finalmente llega a sus últimas consecuencias, quedamos igual de pasmados con la escena que le muestran al grupo y, que al ser repetida múltiples veces, nos recuerda que la perspectiva lo puede cambiar todo.

Albert Maysles y Charlotte Zwerin cambian el sentido del rockumental al mostrarnos su concepción y acercarnos a la producción del filme, a través del estilo de cinéma vérité revelan la ambigüedad moral de quienes aparecen, su complicidad y el comportamiento de 300,000 mil personas como una masa incontrolable. Logran capturar la electricidad en el ambiente y no hacen nada ni por contenerla o aparentar que nada sucedió durante ese día de diciembre de 1969. No hacen participes de lo que las cámaras atestiguaron y reportan la decadencia de la experiencia contracultural colapsándo la ingenuidad de todos los asistentes.

Ni concierto, ni documental. Gimme Shelter es una larga historia contada de forma cronológica y en reversa. El fantasma de lo que ocurrió flota a lo largo del filme con una perversa anticipación, traspasa con cada minuto la niebla que ocupó con violencia al festival en Altamont Speedway. Entre acciones y música, logra capturar con una extraña habilidad las ideas que lograron hacer posible un concierto gratuito al aire libre, pero al mismo tiempo se convierte en un epitafio, nos muestra de forma directa las razones por las que ese momento cultural no prevaleció.

La última escena lo confirma, Mick Jagger pide mirar la escena en que Meredith Hunter es apuñalado mientras él estaba cantando. Sin grandes expresiones, el vocalista dice: “Bueno, eso es todo”. De la misma forma la película se congela, dejándonos con un primer plano de Mick obviamente sorprendido con lo mal que resultaron las cosas.



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