La primera muerte de Rick, la guitarra de Pete Townshend

La destrucción como el medio de expresión, el instrumento destrozado como la herramienta ideal para alcanzar el clímax que el sonido ya no puede otorgar.

Lo que ocurrió la noche del 8 de septiembre de 1964 no era algo nuevo, se había visto con anterioridad con Jerry Lee Lewis, quien años antes había iniciado el fuego desde su propio piano; al igual que el músico de country Ira Louvin que se había hecho famoso por destruir mandolinas empujado por el furor de su actuación; incluso Charles Mingus ya había manifestado su enojo con el público destruyendo su bajo, sin embargo la guitarra Rickenbacker Rose Morris 1998 que chocó contra el techo del Railway Tavern hace 50 años cambió la historia del rock and roll y la idea de destrucción como la extensión de una banda.

Aunque en su libro Who I Am el músico se recuerda destruyendo elementos desde siempre, la primera ocasión que Pete Townshend probó la energía de la devastación ante el público fue un mero accidente, estrelló el clavijero de su guitarra contra un techo sumamente bajo, al darse cuenta del daño decidió estrellar el resto en el suelo y lanzar los pedazos al público, tomó su Rick 12 y continuó tocando.

En la siguiente presentación de The Who en el Railway, el público esperaba ver nuevamente la electrizante destrucción, el accidente no tardó en convertirse en un acto premeditado y parte de la agresiva imagen del grupo, que no solo le brindó más seguidores a la banda, impactó y hasta generó otros actos, como ocurrió aquella ocasión en que Ron Asheton viajó desde Detroit para ver a los Beatles en The Cavern y la suerte lo puso esa noche frente a The Who, a su regreso a Estados Unidos formó junto con su hermano menor y su amigo una banda llamada The Stooges.


Los seguidores de The Who vieron la destrucción como un truco, pero el acto no tardó en convertirse en la afrenta que la música convencional necesitaba, aunque la primera ocasión fue un accidente, la realidad es que Pete Townshend a partir de ese instante empezó a formar el concepto alrededor del grupo: “No tenía idea de a dónde me llevaría la primera destrucción de mi guitarra, pero sabía muy bien de donde venía todo eso” explica Townshend en su autobiografía. “Alentado por la obra de Gustav Metzger, el pionero del arte auto-destructivo, planeaba destruir completamente mi guitarra si el momento parecía correcto”.

El acto creció a través del sonido que el bajista John Entwistle y el guitarrista amplificaron con ayuda de las cajas de ruido que fabricaba su amigo Jim Marshall, se sumergieron en la idea con la dedicada locura de Keith Moon y la compulsiva actuación del vocalista que quería seguir siendo rocker, pero que las circunstancias pusieron del lado mod, Roger Daltrey. Avanzaron hacia un nuevo concepto: la destrucción es arte cuando se establece en la música.

En otro momento de Who I Am, el guitarrista explica que la ocasión en que Gustav Metzger presenció su versión de auto-destrucción en proceso con The Who, le explicó que de acuerdo con su tesis se enfrentaba a un dilema: “Se suponía que debía boicotear la formula del propio nuevo pop comercial, atacar el proceso que me permitió tal expresión creativa, no contribuir a ella. Estuve de acuerdo. Los trucos me habían superado”.

Efectivamente el truco superó al grupo, el público no entendió la importancia de la auto-destrucción, consideró el acto como un elemento más, no percibió la experiencia de la liberación emocional de romper los instrumentos al final del concierto, solo esperaba que el momento llegara para afirmar que el grupo había realizado una buena presentación y simplemente asumieron que aquellos días que no terminaron en destrucción, The Who no dio todo el espectáculo. En algunos momentos incluso fue una competencia, solo basta recordar la guitarra de Jimi Hendrix incendiándose en Monterey Pop Festival en 1967, solo unos momentos después que The Who casi destruyera el mismo escenario.



La imagen de la destrucción no tardó en convertirse en el elemento de un género como el punk, uno de esos instantes fue inmortalizado en la portada del disco London Calling de The Clash, la fotografía de Paul Simonon capturada por Pennie Smith nos mantuvo desde 1979 enganchados a ese instante previo a la muerte del bajo Fender Precision, un momento del que solo podemos imaginar el final.


La continuación de lo que inició The Who unos años después fue expuesto desde otro ángulo por Chuck Klosterman en su libro Eating The Dinosaur, donde escribe sobre el acto de destrucción realizado por Nirvana en el capítulo titulado Oh, the Guilt: “Es fascinante y estúpido observar adultos destruyendo cosas a propósito. Es una sensación que se aplica a una multitud de estímulos: espectáculos de camiones monstruo, dinamitar estadios deportivos, los disturbios raciales, el legado musical de Van Halen, huevos, gobiernos y dioses temporales. Y guitarras. Siempre guitarras”.

Klosterman explica que nunca se pueden destruir suficientes guitarras, incluso Pete Townshend no ha podido lograrlo, el acto ilustra e intenta recordarnos, supuestamente, la agresividad de un grupo, que sus integrantes son “máquinas que pueden matar fascistas... tristemente el número de fascistas asesinados por la destrucción de una guitarra sigue estando cerca de cero”.


Lo que inicialmente fue una manifestación no tardó en convertirse en un momento coreografiado, como aquel que montaba Nirvana. Un roadie debía quitar todos los micrófonos de la batería para que solo algunos elementos fueran destruidos. La versión de 1988 de Nirvana por supuesto no tenía que montar ese espectáculo, lo hacía sin pensar y destruía su propio equipo, sin embargo la de 1992 ya no realizaba la destrucción por frustración, “la gente lo espera. Dale a los chicos lo que quieren”, dijo alguna vez Kurt Cobain.

La extensión de lo que sucedió hace 50 años, que creó el mito de The Who en los escenarios, posiblemente sobrepasó la idea y se convirtió en el espectáculo, uno que no importa cuántas veces se repita o quien lo realice (Arcade Fire, Deep Purple, Green Day, Muse o "Weird Al" Yankovic), sigue siendo el suspiro previo, al momento en que la música a veces no alcanza con sus propias notas.

* Para conmemorar la fecha, no se pierdan el especial dedicado a esos 50 años de destrucción de The Who en el programa Sonic Arsenal en Rock 101 el jueves 11 de septiembre a las 15:00 horas.

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