God Help The Girl, un musical sobre una pose pulida

Una noche Eve sale por la ventana para adentrarse en una ciudad que parece ser la versión de una canción pop de Glasgow. Para el espectador es parecido a caer dentro de una grieta minúscula en la mente del líder del grupo Belle and Sebastian, quien debuta como director de un filme que es literalmente mágico y musical.

Lo que empieza con un salto y el caminar por un oscuro pasillo nos lleva hasta el Barrowland Ballroom, donde la fantasía inicia con un agitar de pestañas en la cadena de entrada, un rockero suizo de pose pulida y una historia que cambia de dirección cuando Eve termina con James, un geek de la música que cree que no se han escrito canciones que valgan la pena desde 1969, pero que a lo largo de la película nos iluminará con pequeños y profundos pensamientos sobre la historia de la música y la crítica en general.

Stuart Murdoch, experto en la elaboración de canciones pop perfectas combinadas con un nostálgico brío cinematográfico, llevó este proyecto paralelo conducido por voces femeninas y la historia de Eve entrando a la madurez al plano de sus propias obsesiones, tradujo esos preciosos bocetos de personajes inteligentes a una película que nunca aterriza en la realidad, se mantiene en cierta medida como un vídeo musical de formato largo.

Eve, caracterizada por Emily Browning, aparece ante nuestros ojos como una mezcla de personajes de Hollywood en la era del star system y las mujeres silenciosas y de amplios pensamientos de la nueva ola francesa, ella es todo en God Help The Girl. La conocemos como la triste chica de Escocia, en un hospital donde es tratada por anorexia. Si, tiene problemas, pero también es algo más gracias a la música. La ruta del desorden alimenticio no desaparece, pero se vuelve un instante que rozaremos en contadas ocasiones, porqué el filme se centra más en el ineludible carisma que le brinda el guionista y director Stuart Murdoch a la protagonista.

El personaje central adquiere por igual el ingenio, humor y melancolía por los años 60 que caracteriza al vocalista de Belle and Sebastian, esos elementos otorgan a la película la sensación de ver un conjunto de clips que podrían fácilmente acompañar al grupo en otro momento, pero en el contexto de God Help The Girl se transforman en un conjunto de momentos que tienen lugar en un verano salvaje, donde Eve y sus nuevos amigos Cassie (Hannah Murray) y James (Olly Alexander) cuentan una historia alrededor de números musicales de coreografías simples, con problemas y emociones dispersándose a través de canciones.

God Help The Girl es acerca de las aspiraciones y metas, musicales o de otro tipo. No existe el sufrimiento, pero se percibe la fragilidad de los personajes, cada uno de ellos abre una ventana para mirar con nostalgia y sin esfuerzo. En el hospital, Eve domina los conceptos básicos para existir (alimentos, agua, sueño), pero la película es sobre la exploración de su vida creativa, donde una canción puede salvar su vida. Eve es orientada por el pop, mantiene la idea que una canción no existe hasta que la escuchas en la radio, Dios decide prácticamente el destino de esa canción dentro de la programación.

A diferencia de James, que respira la música indie, el espíritu házlo tú mismo y cree en la religión de la melodía, Eve cree que la fe es determinada por la radio. Ambas ideas se complementan perfectamente, él por un lado explica que “un hombre necesita solo una canción genial, una canción que viva para siempre en los corazones de la población”, mientras que ella con sus emociones rotas y sus dones musicales no puede más que tener “la constitución física de un conejo abandonado”. El balance entre ambos es Cassie, el engrane que une ciertos aspectos de tres almas dispares que caen en un grupo pop improvisado que transforma durante un breve instante el panorama de Glasgow. God Help The Girl se escucha como un verano ideal, moteado por el sol y la elaboración de cancioncillas twee mientras Eve lucha por encontrarse a sí misma.


La estética pop de God Help The Girl nos remite a las obsesiones de Stuart Murdoch, las cuales han sido explotadas más de una vez a lo largo de los años en Belle and Sebastian sonora y visualmente, nos acerca al cine de las nuevas olas de la década de los 60 y a las comedias juveniles de Hollywood en los 80, cada escena parece un tributo a un instante diferente de películas como Gregory's Girls (1981), Grease (1978) y sobre todo al número musical de Bande à part (1964). El baile que realizan los tres protagonistas del filme de Jean-Luc Godard a base de palmadas, chasquidos de dedos y pequeños saltos pone la pauta de muchas de las coreografías que vemos en God Help The Girl, todas surgen de la improvisación y lo que aparenta ser natural, tan forzado, ficticio y a la vez normal como en Les Parapluies de Cherbourg (1964) o tan frenético como la persecución de A Hard Day's Night (1964).

Las imágenes en God Help the Girl son el eco de la propia biografía del director (Murdoch es Eve), por lo que la película se convierte en una guía de parámetros establecidos en la realidad, explorados a través de las metáforas, los instantes de equivocaciones y la capacidad de distanciarse de la acción y analizarla desde diferentes posturas, tal y como ocurre en las canciones de Belle and Sebastian.

Las canciones son la guía de la película, sirven para seguir los múltiples saltos en la historia. Al igual que en los discos de Belle and Sebastian, las canciones de Murdoch en God Help The Girl son alegres y sofisticadas, y los números musicales son coloridos, exuberantes y sumamente cursis en escena. Son tan dulces que amenazan con empalagar al que no ha seguido de cerca al grupo escocés o al que encuentra difícil comprender que de la nada aparezcan canciones y surjan grupos numerosos de personas bailando al unísono sin una razón aparente. Murdoch sigue las reglas del cine musical, con sus emociones ardientes en un mundo que no deja que esas escenas sucedan. No da explicaciones, pero nos hace preguntarnos el papel de la música y las aspiraciones de los compositores dentro de esos límites.

La formación de una banda en God Help The Girl está basada en la alegría y la posibilidad de que la energía creativa perdure más allá de los tres minutos de la canción. Es sobre el sentimiento de nostalgia intangible, cuando la vida promete algo tan simple como una canción pop creada a la perfección, se trata de esa irresistible promesa, donde una banda no es una banda sino “tres personas remando” para el mismo lado.


Level 11 por Karina Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.sonicarsenal.blogspot.com.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Karipunk