La historia de una obsesión: I Dream of Wires - Hardcore Edition

Lo que parece una intrincada maraña de cables, en realidad es pasión que fluye por una subcultura excéntrica y obsesiva, capaz de describir en muchos pasos la historia de la música electrónica a través de uno de los instrumentos más exóticos y más incomprendidos en la música moderna por buscar una alternativa a los enfoques convencionales.

Cincuenta años después del lanzamiento de los primeros sintetizadores modulares de Bob Moog y Don Buchla, existe mayor interés que nunca, parece ser el momento adecuado para recapitular la historia de su desarrollo y renacimiento como una verdadera alternativa al mercado masivo de sintetizadores.

Partiendo de los monstruosos sistemas modulares a los sintetizadores digitales, pasando por el alejamiento de las computadoras portátiles y el software, el recorrido podría ser simplemente sobre la evolución de la tecnología, pero I Dream Of Wires además de abordar los diferentes momentos que han logrado que el gigantesco instrumento sea más asequible y en formatos cada vez más compactos, logra mostrar la diversidad de ideas que pueden unir y hasta dividir una misma escena alrededor de un sueño de cables que no todo mundo puede descifrar, mucho menos adquirir.

Al igual que las múltiples imágenes que hacen referencia al enredo que sugiere el título, la película es una interesante maraña de opiniones, módulos, secuenciadores, cables de conexión, osciladores de control de tensión y múltiples horas de ideas que intentan esclarecer el atractivo del sintetizador y sus ejecutantes, que encuentran en la tecnología un verdadero lazo personal capaz de desarrollar procesos creativos. Es una historia que surge precisamente en esos individuos solitarios obsesionados con sus sonidos, ellos desarrollan las pequeñas compañías y hacen resurgir el instrumento gracias a los entusiastas amateurs que a principios de los años 90 buscaron restablecer la relación personal con los instrumentos electrónicos, cambiando una vez más la perspectiva del sintetizador.



Conforme los cables se desenredan a través de las décadas, los cuentos personales alrededor del sintetizador continúan. Nos alejamos de la repercusión de los innovadores originales, los precios caen, los sintetizadores modulares con el tiempo vuelven a estar de moda, pero el aspecto comunitario de su diseño, la fabricación y el uso se vuelve aún más importante. Si los primeros propietarios de sintetizadores modulares tendían a agruparse alrededor del departamentos de música de alguna universidad y en estudios de grabación con grandes presupuestos, el dueño de sintetizador modular de la actualidad es más probable que se encuentre en los foros de Internet, discutiendo con fabricantes ubicados en sótanos en medio de la nada.

El costo y el tamaño mantuvieron al sintetizador firmemente fuera del alcance de la mayoría de los músicos, sin embargo la interfaz de opciones prácticamente ilimitadas lograron que todo el que pudo acercarse al instrumento se sintiera como un alquimista sónico. De las frecuencias fundamentales de la década de los 60 al glamour del Minimoog, la asequibilidad del DX7 y el predominio de los fabricantes japoneses, pronto la historia de los sintetizadores compactos se convierte en un lugar común en la década de los 70 y el rechazo por los sonidos preestablecidos de los 80 que daban la espalda a la experimentación inicial que nació con la masa de mandos y cables, más cercana a la consola de una nave espacial que a un escenario.


A lo largo del proceso, en el que a cada minuto crece la obsesión, I Dream Of Wires no logra distraerse de las aplicaciones prácticas del sintetizador, pero afortunadamente logra acoplar el enredo tecnológico con el arte de hacer música y la cuestión de la integración de estos instrumentos a veces desafiantes en un proceso creativo. Por un lado destacan los académicos e inventores tradicionales, por el otro los hippies y artistas contraculturales, ambos representan aproximaciones divergentes a la musicalidad.

I Dream Of Wires logra conectar la experimentación, las posibilidades de la música popular, los devotos del arte articulado sin intereses comerciales e incluso el punk con el sintetizador modular, un género que logra imponer la máquina como la fábrica de ruido contracultural que fue originalmente. La película cubre otros desarrollos, como los sonidos preestablecidos y los sampleos, que evidencian la manera en que los músicos comerciales optaron por la portabilidad y facilidad de uso en detrimento de los desarrollos adicionales del sintetizador modular clásico.

El documental reconoce al sintetizador modular como un instrumento de la música electrónica, capaz de brindar una conexión instantánea y dar el gusto de la experimentación desde principio, pero con el tiempo resulta necesario aprender a comunicarse a través de él. Aunque existe un encanto inmediato con las posibilidades que brindan los módulos y nodos, I Dream Of Wires también ofrece un terreno fértil para muchos debates: teclados contra perillas, lo digital contra lo análogo, Moog vs Buchla e incluso la naturaleza de la música en sí y la repercusión de la electrónica en la actualidad.

Siendo la edición hardcore de un documental que en su primera parte es sumamente accesible, la segunda está dirigida a los entusiastas del sintetizador, fans realmente dedicados y conocedores de la historia de la música electrónica. Esta versión de I Dream Of Wires se extiende en entrevistas con los desarrolladores de sintetizadores y músicos, no explora precisamente el área de la creatividad, se enfoca en la importancia de la tecnología, los coleccionistas y los nuevos creadores de sintetizadores modulares.

El documental de Robert Fantinatto, con su extensión hardcore que originalmente fue lanzada de manera limitada, busca revelar el misterio que rodea al sintetizador modular y explicar al público en general donde se originaron algunos de sus sonidos favoritos. Nos muestra el aparato como un sueño de cables y máquinas que a pesar de su imponente sistema sigue inspirando una devoción fetichista en defensores y practicantes, muchos de los cuales participaron en la creación de este documental.

Aunque se disfruta la participación de Pere Ubu, Gary Numan, Vince Clarke, Trent Reznor y la breve visita al estudio de Deadmau5 en Toronto, Robert Fantinatto destaca a una amplia gama de personas que son apasionados de los sintetizadores modulares, sus aportaciones son las que logran intensificar esa visión que podría ser una pesadilla para los que no logran entender el instrumento, pero gracias a ellos se convierte en un sueño para obsesivos.

Adecuadamente, el soundtrack nos lleva más allá del estereotipo de los pitidos, silencios y sonidos inconexos, el productor Jason Amm realiza un verdadero esfuerzo para mostrar que los sintetizadores modulares pueden ser utilizados para algo más. La banda sonora de I Dream of Wires cuenta con creaciones originales de Solvent, quien logra enfatizar los sonidos de cierto tipo de modulares en los momentos adecuados, sin embargo eso solo lo nota el público objetivo de ésta edición hardcore, que recibe continuamente un guiño sonoro entre las largas explicaciones del narrador y la idea que plantea Allen Ravenstine: “tocar notas nunca me pareció interesante”. La mayoría de los entrevistados coinciden, se trata del simple placer de hacer ruido combinado con las palabras “amor”, “compromiso” y “obsesión”.



Level 11 por Karina Cabrera se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.sonicarsenal.blogspot.com.

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